La historia de un aborto involuntario, de dos.

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Lucila, Tigre.

“Tuve dos abortos involuntarios. El primero en la semana 8. El embarazo fue una sorpresa, hacía 20 días que salía con mi compañero y a mis 34 años nunca había estado embarazada. Un abuso sexual de pequeña, una educación super represiva y católica, unos desórdenes hormonales que me habían acompañado gran parte de mi juventud… lo femenino tan dolido aunque en proceso, en fin… nunca me había planteado seriamente tener un hijo… y dudaba de mi capacidad de engendrar… una sorpresa. Rara. Me despertaba a la noche, miraba a mi compañero y decía “con este hombre voy a tener un hijo? quién es?” Luego me serené y me entusiasmé y me alegré de que fuera así, un vendaval de vida inesperada, y lo quise… y fuimos a hacer la ecografía y mi embarazo se había detenido. Desazón Tristeza. No entender. Sentimiento de “estafa”: ahora que había dicho sí, el embarazo se había detenido… estaba detenido pero no tenía una sola pérdida. Esperé. Nada, Empecé a tomar artemisa y nada. Era horrible cada día, me sentía una tumba viviente. A los veinte días volví al hospital a pedir misoprostol. No me lo querían dar, querían que hiciera el proceso en el hospital, peor al fin uno se apiadó, me las pasó por abajo del escritorio y nos vinimos a casa. El proceso fue muy doloroso. Físicamente. No toleraba ni que me compañero me acariciara. La pasé tendida boca abajo en la cama. A la mañana expulsé todo, un saco del tamaño de un puño, además de sangre y coágulos. Lo enterramos en mi parque al pie de un eucalipto y le pusimos un aloe vera encima y un rosal, que ahí andan creciendo. Su nombre fue: el pececito 🙂

Luego de eso estuve muy mal. Muy confundida. Quería quería quería un hijo, así de golpe, así ansioso, así de revancha o de no sé qué. Mi compañero tiene tres hijos, y decía “más adelante”,, más que el embarazo había sido tan al principio de la relación… Empezamos a tener problemas. Yo quería que él me dijera que sí que quería tener un hijo, y pronto y estaba tan terca, tan triste tan enojada y canalizando el dolor de cualquier modo.

 

Empecé a asistir a círculos de mujeres. Me interioricé en el huevo de obsidiana y empecé a usar uno. A trabajar en mí, a conectar con la luna, con mis ciclos. A cantar (siempre cante) en ceremonia, aunque fuera sola, con una vela. A conectar. Y una vez fui de viaje al norte argentino (lugar muy fuerte para mí) me fui al cerro de retiro espiritual y allí meditando y con el huevo y con la pacha que es tan fuerte allí pude “ver” mi terquedad, mi estancamiento, y mejor aún, pude soltar, aceptar que vaya a saber si tendré un hijo, que no es algo que pueda yo dominar, que soy un puntito nomás, y el amor en la vida es decir que sí. Y solté.

 

Y a los tres meses quedé embarazada de nuevo.

felicidad plena, feliz mi compañero, en una hermosa de planes y alegría. Yo temerosa de que por favor por favor pasen los tres meses “peligrosos”, pero conectada, cantando, meditando, agradeciendo, honrando. En la semana 12 hicimos la primer ecografía y allí estaba latiendo su corazón. Pero en seguida nos advirtieron de posibles cromosopatías o cardiopatías. De mal modo, sin avisarnos qué estudio nos iban a hacer, sin explicarnos nada. “A este corazón no le tengo fe” decía la ecografista, de la peor manera. Nuestro hijito podía tener síndrome de down, podía tener otra cromosopatía incompatible con la vida, podía tener problemas en el corazón, leves, graves o fatales… o podía ser perfectamente sano. A eso le llaman ciencia. Porcentajes. Yo angustiadísima en internet tratando de traducir a algún lenguaje comprensible las siglas de los médicos. Buscando apoyo en grupos de internet, chocándome con la falta de información que reina incluso en los foros y grupos dedicados amorosamente a acompañar embarazos. Pero también encontré mucha ayuda y acompañamiento virtual, de hermosas mujeres cuyos rostros no conozco, que me cuidaron a la distancia. Y un partero hermoso ser humano con el que habíamos pensado conectar más adelante que nos contuvo y aún hoy me manda mensajito cada tanto preguntando cómo andamos.

Un genetista nos indicó una punción y antes de hacer la punción, en la semana 14 de gestación el embarazo se detuvo. Ninguna pérdida, otra vez.

Esta vez me asustaron mucho en el hospital. Que nada de hacerlo en casa, aunque ya tuviera experiencia, que era más grande, que había peligro, que iba a ser mucha sangre, que me interne. Y yo que no quería saber nada, que me quería sacudir de encima todo eso y no quería atravesar lo que tenía que atravesar, me dejé hacer. Y me interné.

Aunque habíamos pactado que el proceso iba a ser con misoprostol, no me daban la medicación y me preparaban para quirófano. “Sacate el esmalte de las uñas” ¿Por qué? “Por si vas a quirófano” No voy a quirófano. Y así. No me dejaban comer ni beber por si iba a quirófano, me inmovilizaron con una vía de oxitócina (¡con un embarazo de 14 semanas oxitocina sintética!!) Y yo estaba más informada y daba pelea aunque estaba destruida. Después de pelear con cuanto practicante me crucé, me dieron dos pastillas, que no iban a hacer ningún efecto. Yo sabía todo lo que teníamos que hacer, pero es increíble cómo una se debilita en esas estructuras donde nos volvemos “pacientes”.

Así que después de 24 horas de estar internada en una camilla de una guardia del hospital de tigre, sin haber tenido una sola contracción, Muerta de hambre, débil, y cuando empezaba el sábado y el hospital se iba quedando vacío, entró el enfermero del nuevo turno y me dijo “ya estuve leyendo tu historia. No sé de qué religión serás que no querés ir a quirófano, pero te aclaro que en este turno la práctica habitual es el legrado”. Y ahí le dije a mi compañero: nos vamos. Y él me apoyó. y temblando las rodillas firmamos consentimiento y nos fuimos. Mientras el enfermero me decía “y si empezás con hemorragia en plena calle, qué vas a hacer? Volvé, eh”

 

Una amiga médica me ayudó a hacer lío y conseguí que la farmacia del hospital me diera la medicación. Gratis. Y contra todas las indicaciones (vivimos en zona rural, en la isla, a cuarenta minutos del hospital navegando), nos llegamos al monte, hicimos un fueguito, pedimos, me hice cargo de lo que tenía por delante, parir a mi hijito muerto, e hicimos el proceso en casa de mi compañero.

Un parto. Esta vez me la pasé con pañitos tibios que mi compañero me alcanzaba, y empezó el trabajo, muy intenso pero no doloroso. Todo el tiempo esperaba que venga el momento de los dolores insoportables, aquellos de la otra vez. Nunca vinieron. Y cantaba, caminaba, experimentaba aquello de que la luz nos molesta, aquello de que no nos hablen por favor. No tengo muchas palabras. Fue tan crudo, tan sublime. a su modo hermoso. Una entrega  E hice un pacto con mi hijito: soltémonos. Vos vas a estar bien allí siguiendo tu camino. Yo te prometo no dejarme caer y ir hacia la luz también en tu nombre. Un pacto de vida que me sostuvo y me sostiene. Medía algo más de diez centímetros y era perfecto. Hasta deditos de los pies, hasta su pitito, todo en perfecta miniatura, increíble la vida. Le pusimos su nombre, Sonkoy, y lo enterramos junto con la placenta. Estuve con pérdidas casi dos meses.

A los tres días de parir tenía los pechos super hinchados y me dolían mucho. Contacté con una doula. me dijo: desprendiste placenta, es la leche que te está bajando. Fue un golpe durísimo. No estaba preparada. Nadie me había avisado No creía posible que en un embarazo tan pequeño la leche ya brotara, pero así fue. Tenía leche para nadie. Me derrumbé. La doula me acompañaba vía facebook. O me medicaba o hacía manejo natural de sacarme poquita leche (pa que no se infecte) pero no mucha porque sino iba a hacer cada vez más (lo que me bajaba era apenas calostro). A los dos días me mediqué y dejó de brotar.

El después… muy duro. muy enojada con la vida. muy desorientada. sintiendo indiferencia a mi alrededor, víctima del destino. Teniendo sentimientos horribles, de envidia por otras panzas rozagantes, todo me dolía, todo me señalaba mi dolor. Cantaba lloraba escribía. Leía otras experiencias, en foros y grupos de facebook. Eso me ayudó mucho: decir, leer, compartir. Ir entrando en conciencia de que es parte de la vida, que está muuuy silenciado, pero sucede y no estaba sola en eso. Sabía que iba a salir pero costó tanto. Yo siento que fue, que es, un portal. Una profundidad increíble, la vida y la muerte danzando, la luz y la oscuridad hechas carne en mí.

Y fui saliendo, aceptando que eso que pasó era lo mejor que podía pasar. Que el destino de mi hijto era vivir 14 semanas en mi vientre, no más. Tomándo eso que la vida tenía para mí y yo no quería tomar. Entregándome.

Y ahora estoy bien. Siento que tengo otra dimensión del dolor y de todo en general. Estamos haciendo estudios para descubrir posibles causas de cara al futuro. Juntos, muy juntos con mi compañero hermoso. Y con las hermosas mujeres de mi comunidad, acá en la isla, con las que nos juntamos en las lunas y nos acompañamos y hacemos ceremonias y tejemos mantitas para los bebés que nacen y que me hicieron a mí un chal “para una mujer que renace”, hermanas del río. También esta experiencia me ayudó a hermanarme, yo que siempre había sido esquiva  a abrirme en profundidad ante “vecinas” que no eran necesariamente amigas. La manada.”

 

 

4 pensamientos en “La historia de un aborto involuntario, de dos.

  1. Hermana del delta, de la vida toda.
    Gracias por dejarte leer. Por hacerte palabra escrita de tus vivencias y emociones, de tus tormentas y ventarrones, de tus danzas y alegrías; de tu paso a paso en el caminar-evolucionar…Y acá encontrarnos desde muy lejos…Mamá nació y se crió en el Delta del Paraná. Y pidió volver allí con sus cenizas…Hace 5 años y todavía no la llevamos…Ahora siento que tú y tu círculo de mujeres me acogerán en un ritual el día que organice llevar a mi madre a su Carapachay y Esperita. Yo vivo en EEUU…pero siento que nos encontramos con nuestras historias de abortos por algo…
    Gracias, abrazo y bendiciones.
    Mariam
    mariam.tamborenea@minervas.org

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    • Mariam! le voy a enviar tu correo a lucila, no sé si ella llego a ver tu comentario,ya que esta es la selección de algunas historias.Pero la página no es ella.
      Muchisimas gracias por leer y por manifestar tu sentir reecuerda que tambien puedes participar.
      un abrazo de corazon

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